Ya veía la isla a lo lejos, era un oasis para todo aquel marinero que llevase varias semanas a la deriva en el mar; con el mínimo de comida y de bebida en su embarcación.
Cuando llegó a la isla, estaba exhausto, sucio y también hambriento y sediento. Pasado un tiempo, que bien podría ser media semana como siete años, pues había perdido toda noción del tiempo, ya se había acstumbrado a vivir allí, sobreviviendo con los mínimos recursos.
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